Euphoria (2019-presente) creo un gran revuelo cuando se estrenó en 2019 y no ha parado de causarlo después. Toca temas tremendamente complicados (las adicciones, la transexualidad, la violencia machista) y en un primer visionado podemos pensar que les hace justicia a estos temas. Los saca de las sombras, y los representa con personajes complejos con los que nos implicamos emocionalmente. Sin embargo, si analizamos los patrones que subyacen en la serie nos damos cuenta de que en realidad no es oro lo que reluce (literalmente).
Disclaimer: he intentado ser neutral al hablar de la serie, pero vaya por delante que a mí Euphoria me gusta mucho. Sin embargo, creo que es importante ser crítica con lo que consumimos, especialmente si nos gusta.
Trama de Euphoria
Ya en la portada se puede apreciar la glamourización que hace Euphoria del sufrimiento (de las mujeres): aparece Rue en primer plano en colores violetas y dorados, con purpurina y brilo, mientras una lágrima corre por su mejilla.

Euphoria sigue la vida de un grupo de adolescentes en el instituto. Explicada así, la trama de la serie parece relativamente sencilla. Sin embargo, no es una comedia romántica. Estos adolescentes tienen problemas muy serios: Rue es adicta a las drogas desde que su padre falleció, Jules vive con su padre solo porque su madre es alcohólica, Maddy tiene una pareja que la maltrata -Nate, cuyo padre es del mismo palo y además es pedófilo-, Kat sufre una agresión sexual y se convierte en cam girl, Cassie necesita tanta atención que traiciona a su mejor amiga por un chico, y Fezco -D.E.P. Angus Cloud- y su hermano menor están metidos en trapicheos con drogas que van escalando.
Es por esto que podríamos decir que Euphoria trata en realidad de la violencia: una violencia sistémica, como la que sufren Fezco y su hermano, una violencia “autoinflingida” (analizaremos esto en más detalle en las siguientes secciones) como la de Cassie, y la violencia masculina, como la que sufren todos los personajes femeninos y algunos de los masculinos. La violencia lleva a más violencia, ya esté dirigida hacia los demás (hombres) o hacia una misma (mujeres).
La glamourización del sufrimiento en Euphoria
Representar la violencia no es necesariamente un problema. Es parte de nuestra sociedad, por desgracia, y por lo tanto conviene señalarla y analizarla desde diferentes ámbitos, incluida la cultura. El problema, si queremos llamarlo así, es que hay series que glamourizan esa violencia y el sufrimiento que desencadenan.
Dos de estas series, Euphoria y su equivalente español en cuanto a violencia y glamour Élite (2018-presente), tienen un público objetivo muy joven en esa fase de la vida en la que la estética y “romper las normas” lo son todo. Quizá solo hable por mí aquí, pero si yo hubiera visto Euphoria con 17 años en lugar de con 27, me hubiera encantado convertirme según el día en Maddy o en Cassie por su estética, su personalidad, porque son el centro de atención de los hombres. Porque están retratadas como deseables. Hubiese echado a un lado las mierdas retorcidas que hacen y el dolor que acarrean, y hubiese aspirado a ser ellas. El bombazo que pegó su ropa y su estilo en redes sociales me hace pensar que hay muchas otras que piensan como pensaba yo de adolescente. Y esto es un gran problema: las mujeres están siendo -aunque sea sin querer- condicionadas para desear ser cosificadas, manipuladas, utilizadas y abusadas. Para ofrecer poca o nula resistencia a los abusos de sus parejas, amigas y del sistema.

Estas series no ocurren en el vacío, sino rodeadas de una glamourización del sufrimiento femenino sistemática y atemporal: los personajes de Maddy y Cassie no son nada nuevo, solo son una versión remasterizada de Rizzo y Sandy de Grease (1978) por ejemplo. Se ha adaptado la forma de estos personajes a la actualidad, pero el contenido es el mismo. Y, como ha sucedido también desde siempre, nadie quiere ser Patty Simcox (Grease) ni Lexi Howard (Euphoria). No son las deseables, solo son las inteligentes y (por consiguiente) las repipis.
Se forma pues en la cabeza del público esa frase típica de para estar guapa hay que sufrir pero con un giro aun más turbio de lo habitual. Podríamos ajustar la frase para decir: para ser deseable hay que sufrir. El sufrimiento por conservar una imagen irreal (sin vello corporal, maquilladas, esbeltas, etc.) es menor si lo comparamos con el sufrimiento de estar constantemente buscando aprobación masculina de hombres violentos, egoístas y misóginos.
La inevitabilidad del sufrimiento femenino en Euphoria
La glamourización no es el único problema con la manera en que Euphoria (y otras series) representan la violencia. En el caso de esta serie, se le une que parece que el sufrimiento de las mujeres es inevitable, lo cual retuerce aun más la historia que le presentamos a las jóvenes como modelo a seguir. Si la violencia es inevitable, mejor intentar sacar beneficio de ella, ¿no? Si no se puede luchar contra esa violencia -ninguna de las mujeres de Euphoria lo hace, ni siquiera las adultas-, no queda más remedio que amoldarse a sus reglas y sacar el poco provecho que se pueda de la situación.
Evidentemente, este es un mensaje que a muchos les parece rompedor, como nos demuestra la reacción de gran parte de la audiencia al retrato de la prostitución en Pobres criaturas (2024).
Que la violencia sea inevitable es un mensaje muy cómodo: a los hombres les invita a revisarse lo justo para criticar acciones concretas sin cuestionar al sistema de base. A las mujeres las invita a adoptar el papel de víctima resistente sin unirse a la lucha feminista ni enfrentarse a los hombres que las violentan directa- o indirectamente.
Les invita a convertirse en esa mujer deseable que representan Maddy, Cassie y (ahora que somos inclusivas de cuerpos no normativos) también Jules y Kat: la que aguanta la opresión con dignidad y siempre bien vestida. Es una vuelta de tuerca maestra: finge que todo ha cambiado -las mujeres ya no son parte del decorado de la película o serie- sin que nada cambie -su reacción afianza al patriarcado-.
La violencia de Euphoria se narra como inevitable porque es ejercida por los hombres.Es el relato primigenio del patriarcado revestido de modernidad: los hombres son agresivos y crueles por naturaleza, esto es así y siempre será así. Incluso el único hombre compasivo está involucrado en lo violento: Fezco, empático con Rue e interesado en Lexi, es traficante y acaba en medio de un tiroteo en el que su hermano muere. Podríamos considerar al padre de Rue como un ejemplo no-violento de masculinidad, pero está muerto. ¿Ha pagado con su vida por su empatía, o si aun viviera y lo viéramos en la serie, se le caería la máscara?
Aunque las mujeres de la serie se enzarzan entre ellas, quienes son verdaderamente responsables de su sufrimiento son los hombres. Es Nate quien abusa de Maddy y luego se aprovecha de la vulnerabilidad de Cassie para salir con ella y poder ejercer su control sin problemas. Es un joven el que graba a Kat mientras tienen relaciones sexuales. El padre de Nate (Cal) abusa de Jules, y es la muerte del padre de Rue lo que hace que se vuelva adicta.
Es tremendamente interesado que la conclusión a tanta violencia sea que las mujeres se adapten a su opresión y no que los hombres se vean obligados a cambiar.
Euphoria es arte y Dietland es propaganda
Al leer Cómo acabar con la escritura de las mujeres de Joanna Russ me di cuenta de que la representación de la violencia tiene otra capa más. Hay que analizar, no solo la pieza en sí, sino la reacción a la misma en comparación con otras series o creaciones que también contienen violencia, aunque de otro tipo. Para ilustrarlo de la manera más clara posible he escogido Dietland (2018) como serie complementaria a Euphoria, pero podríamos hablar de películas como Una joven prometedora (2020), o incluso Barbie (2023).
Históricamente, la cultura ha tenido dos categorías muy amplias: lo que es válido y lo que no. Aquello que no se considera a la altura ha sido apartado del canon o rechazado por el público por diferentes razones: porque era aburrido, incomprensible, o carecía de interés por cualquier otra razón. Esa carencia de interés suele tener un componente social muy fuerte.
Una de las maneras clásicas de deslegitimar las creaciones echas por mujeres es precisamente presumirles falta de interés o falta de calidad. En un inicio esto era simplemente porque hablaban de “cosas de mujeres”, pero después, como todo en el patriarcado, esa etiqueta se fue cambiando para que pareciese que el canon escuchaba a las mujeres sin realmente tener que escuchar nada que fuese demasiado incómodo. Una de las neo-etiquetas más típicas es la de “confesional”. Se tilda de confesionales a aquellas obras sobre el dolor femenino escritas de manera muy personal, como si las autoras vomitasen las palabras en lugar de redactarlas “como es debido”: desde lejos y con frialdad. Lo confesional ha ido ganando popularidad porque las mujeres leemos mucho y nos vemos reflejadas en esas confesiones: a nosotras sí nos hablan y podemos ver más allá de la incomodidad que destilan esas palabras para apreciar la escritura de autoras como Sylvia Plath, por ejemplo.
Así que había que buscar otra etiqueta: la de iracundo o panfletario. Que destilamos ira, que estamos amargadas, que la literatura no es moralista… y así una ristra de comentarios cuyo objetivo es, simplemente, que las mujeres dejemos de escribir, especialmente sobre nuestro dolor. Porque cuando nosotras lo escribimos muchas veces incorporamos un dedo que apunta hacia el opresor.

Escena en que las Barbies se alían para conseguir engañar a los hombres y derrocar al patriarcado.
Euphoria puede tener éxito y formar, en cierta medida, parte del canon cinematográfico porque está bien rodada, sí, porque los personajes son interesantes, también, pero -crucialmente- porque el dolor femenino que narra -lo que, diría yo, es el punto central de la serie- es estanco. Es, como he mencionado antes, supuestamente inevitable. Los hombres son así y punto, y nosotras nos tenemos que adaptar para sobrevivir. Euphoria fue escrita por un hombre, Sam Levinson. Euphoria, además, tiene dos temporadas ya estrenadas y una tercera en proceso.
Dietland, por otra parte, es una serie de protagonistas en su mayoría femeninas cuyo dolor, al igual que en Euphoria, está causado por los hombres de su entorno y por el sistema patriarcal. Sin embargo, las mujeres de esta serie no se adaptan a ese dolor para hacerlo más cómodo. Se enfrentan a él de cara, incluso con las mismas herramientas que usan los hombres: la violencia física, las armas. Señalan con el dedo iracundo y atacan. Igual que la protagonista de Una joven prometedora e igual, hasta cierto punto, que en Barbie, donde las muñecas toman acción para derrocar a Ken y su patriarcado de plástico. Dietland (y Una joven prometedora, y Barbie) fue creada por una mujer, Marti Noxon; tiene una temporada y ahí se va a quedar.
Aunque el dolor de las mujeres merece ser representado en todas sus facetas -es decir, que deben existir series como Euphoria y series como Dietland-, lo cierto es que como consumidoras somos cómplices de perpetuar la idea de que lo atractivo es ser víctimas que se resisten sin demasiado ahínco a su opresión. Las que toman las riendas de su liberación son acusadas de rabiosas y panfletarias, criticadas por su estética o por ser “aburridas”, canceladas, omitidas de los Óscar, prendidas fuego… Ojalá nos unamos (mejor que) como hemos hecho con Barbie con todas las demás grandes creaciones en las que las mujeres que señalan al opresor, para darles el éxito que merecen.
¿Te interesa cómo se representa la sexualidad femenina en las series?
Pues entonces te va a encantar A volantazos: sexualidad femenina en las series, mi nuevo libro. En él analizo qué ideas sobre la sexualidad de las mujeres aparecen en Sex Education, Élite, Fleabag, etc. y cómo eso construye la narrativa de la sexualidad de las espectadoras. Como ya sabes, es un tema que me apasiona, que trato en mi blog y sobre el que me informo continuamente, así que este libro es un sueño hecho realidad.



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