La apariencia de las cosas es una película de terror estrenada en 2021 con un casting increíble: Amanda Seyfried, James Norton, Natalia Dyer y Rhea Seehorn entre otros.
El terror es muy ligero: no es una película de sustos ni con demasiado gore y los espíritus que aparecen en ella no dan miedo en sí mismos. Son más bien los humanos quienes harán que te estremezcas. Esta película es un El resplandor x El talento de Mister Ripley.
Trama de La apariencia de las cosas
Catherine y George son una pareja joven con una hija pequeña. Ella es artista, y el teórico de arte. Cuando él recibe un puesto de profesor en una universidad en un lugar remoto de EE.UU. ella renuncia a su trabajo de restauradora para mudarse al pueblo.
Llegan a la casa vieja, que parece ideal. Catherine quiere averiguar más del pasado de ese lugar con una historia peculiar y riqueza cultural. La universidad (y el grupo de intelectuales del pueblo) está especializada en un hombre que creía en que los vivos se podían comunicar con los muertos y que aquellos que eran malvados en vida pagarían por ello en algún momento, si no antes de morir, después en el inframundo.

Catherine pronto empieza a ver cosas que los demás no ven (o fingen no ver), pero nadie la cree porque al ser bulímica, piensan que está teniendo alucinaciones por estar malnutrida. Mientras tanto, George comienza una aventura con una joven del pueblo, Willis, la amiga del chico que Catherine ha contratado para hacer las renovaciones necesarias en la casa, Eddie.
Mientras Catherine sigue investigando y se hace amiga de Justine, una de las espiritistas de la comunidad y compañera de trabajo de George, este va perdiendo el control de la situación. Aunque en apariencia es un hombre normal, resulta que tuvo serios problemas durante su doctorado (posiblemente líos con una alumna) y falsificó la firma de la carta de recomendación que le consiguió el puesto de profesor en la universidad del pueblo.
Justine empieza a sospechar de que George no es el marido ideal que pretende ser al escuchar la conversación incriminante acerca de la carta, encontrar la bufanda que él le pidió que tejiera para su madre sobre los hombros de la amante de George y otra serie de eventos extraños que suceden a su lado. Justine le confiesa al rector de la universidad lo que ha escuchado acerca de George. Este, temiendo que va a perder su trabajo si el rector sigue tirando del hilo, le asesina para salvarse de ser despedido. Al atar cabos, persigue a Justine en el coche hasta hacer que esta se estrelle y entre en coma.
Por último, perdiendo completamente los estribos, George vuelve a casa y asesina a Catherine porque ella también comenzaba a sospechar de él, de que no es la persona que dice ser. Esto me parece una metáfora interesante: hace evidente que los hombres que maltratan lo hacen porque sacan algo de ello, en este caso muy claramente la estabilidad y el estatus que está a punto de perder. Para George su vida tal y como la conocía -siendo profe en la universidad, teniendo el estatus de marido y padre- tiene mucho más valor que la vida de su mujer. Mejor viudo que deshonrado.
Después de asesinar a Catherine, George encubre el crimen. La policía, el pueblo entero, sabe que ha sido él, pero no pueden recabar pruebas suficientes para incriminarle. Las únicas que podrían acusarle son Willis, su amante, que está aterrorizada, y Justine, que está en coma. Cuando esta finalmente despierta, George se hace a la mar y se encuentra con un agujero de fuego, la entrada al averno, que se lo traga.
Quienes no pagan en vida por lo que han hecho, pagan con durante su muerte.
Terror social en La apariencia de las cosas
Hace una semana estuve en el club de lectura del Instituto Cervantes en Frankfurt, donde se mencionó el término «terror social» referido al libro Carcoma de Layla Martínez. El terror social viene de la mano normalmente de aquellas personas que son parte del sector que suele sentir miedo en la sociedad: las mujeres, las personas racializadas, la clase trabajadora.
La apariencia de las cosas es otro ejemplo de este «terror social». La historia está adornada con espíritus, pero estos espíritus no son malignos. En Carcoma es un tanto distinto, porque las sombras que habitan la casa de las protagonistas podrían considerarse malignas, pero en realidad protegen a las habitantes de la misma. Solo dañan a quienes tienen malas intenciones con ellas, o quienes están en la casa cuando no deberían.
Sin embargo, al igual que en La apariencia de las cosas, los espíritus son un adorno a la trama principal: el miedo surge de lo real, de las relaciones de maltrato y violencia de los hombres hacia las mujeres.

Hay muchos otros ejemplos de terror social: La purga, Déjame salir y Carrie son solo algunos de ellos.
Sin embargo, debemos tener en cuenta que el terror social no garantiza que la historia haga justicia a los grupos oprimidos, y mucho menos significa que incorpore la mirada femenina del cine o la perspectiva feminista.
Aunque La apariencia de las cosas no me ha parecido la mejor película dentro del género del terror social a nivel de construcción de la historia, creo que plantea ciertos puntos muy interesantes para este género, específicamente respecto a la violencia de género.
Violencia de género en La apariencia de las cosas
Una de las cosas que más interesantes de La apariencia de las cosas es cómo hace un meta-retrato de las relaciones de maltrato. Cualquiera que sepa un poco del tema sabrá que los maltratadores rara vez se desvelan como lo que son desde el principio. Es gradual, son pequeños límites que se empujan y desplazan hasta que una acaba empequeñecida, anulada y agredida. Así mismo se desenvuelve la película y también su protagonista, George.
Al principio todo parece ideal: ella es restauradora, él un recién graduado estudiante de doctorado, y tienen a su hija y sus amigos, sus familias. Sin embargo, la familia se muda a un lugar aislado. Una vez ahí, cuando ella ha perdido su red de apoyo, es cuando descubrimos que George es un mujeriego. Eso no le convierte automáticamente en maltratador, pero sí que apunta en esa dirección:
Para engañar sistemáticamente a otra persona hay que mentir, omitir información, ignorar responsabilidades hacia otros, probablemente hacer gaslighting, y sobre todo, creer que la satisfacción momentánea propia es más importante que el respeto y los sentimientos de otra persona que se supone te importa. Hacerlo sin remordimiento ninguno, como George, indica también una marcada falta de empatía.
No contento con eso, George quiere aislar aún más a Catherine. No le gusta que haya contratado a dos jóvenes para renovar la casa (Eddie y su hermano) y hacer de niñeros de su hija. Por un lado, son los antiguos inquilinos de la casa y pueden revelarle a Catherine lo que pasó (que su padre mató a su madre y por eso están huérfanos). Pero por otro, simplemente no le gusta que anden por ahí. Actúa extraño con los chicos y le hace saber a Catherine que no los quiere por ahí, aunque esta le ignora.
Aunque de cara a la galería sigue siendo el hombre ideal, cuando Catherine habla sobre lo que ve y oye en la casa (los espíritus), él la desestima. Por otro lado, percibe la relación que se va forjando entre Catherine y Justine, y se comporta un tanto hostil con esta última. Cuando eso no funciona para alejarlas, le pide a Catherine que dejen de ser amigas (¡nunca dejes de ser amiga de alguien porque un hombre, especialmente tu pareja, te lo pide!) incluso inventándose que Justine es lesbiana y tiene intenciones románticas con Catherine.

Según avanza la película, las mentiras de George se van desvelando hasta que nos quedamos con el retrato de un hombre completamente distinto al del inicio: el maltratador queda revelado. Un hombre muy peligroso.
Salud mental femenina: la excusa perfecta para silenciar a las mujeres
La apariencia de las cosas me pareció como El resplandor puesto de esteroides. En El resplandor, Jack, el padre de familia, comienza a perder la cabeza en el hotel en el que se hospeda con su mujer y su hijo. La maldad, en parte, reside en la casa y extiende sus tentáculos hacia los demás también, aunque el único afectado con intenciones homicidas es el padre.
En el caso de La apariencia de las cosas, esto tiene un giro de tuerca. Aquí es la mujer, Catherine, la que tiene problemas de salud mental. Padece (o ha padecido) de bulimia, y sus problemas con la comida se usan como escudo para evitar escucharla. Su marido y su madre le dicen que igual está alucinando porque su cuerpo está desnutrido cuando ve los espíritus y las cosas inertes que de repente se mueven. Su problema de salud mental se instrumentaliza en su contra aún más cuando George envenena uno de los batidos proteicos que tiene que tomar por receta médica cada día para que pierda la conciencia y la pueda matar.
Cada vez que Catherine señala algo que no le gusta, que la incomoda, o cualquier cosa que los demás no quieren escuchar, se alude a su salud mental, a su falta de nutrientes, para acallarla. Esto es algo que sucede demasiado a menudo con las mujeres que tienen algún diagnóstico psiquiátrico (Sexy but Psycho, Dra Jessica Taylor). Algunos de los momentos más frustrantes y espeluznantes de la película son cuando, como espectadoras, vemos que lo que dice Catherine es cierto pero no se la cree o se la ignora. Así es como poco a poco se va construyendo la inquietud y la impotencia, y no me quiero imaginar cómo experimentan esto las mujeres que lo viven en la realidad.
El terror para las mujeres: los hombres
En La apariencia de las cosas se hace evidente algo que para muchas de nosotras ya es conocido: nuestro mayor peligro, nuestro mayor miedo, son los hombres. Especialmente aquellos con los que mantenemos una relación sentimental.
Además La apariencia de las cosas materializa la idea de que el ciclo de violencia se repite y se hereda. Todas las familias que han vivido en esa casa han terminado igual: el hombre asesina a la mujer. Esto se puede interpretar como una metáfora de que la violencia de género se hereda: los hijos aprenden de los padres y las hijas de las madres, haciendo que en algunos casos ellos se conviertan en agresores y ellas en víctimas.
Otra manera de interpretarlo es que la casa representa a la sociedad: son personas de todos los estratos sociales las que han habitado la casa y todas reproducen el mismo patrón porque todas están expuestas a la mensajería social que refuerza la idea de que las mujeres son inferiores a los hombres y que los hombres deben poder hacer lo que les dé la gana. Y si no es así, pueden quitarse de en medio a quien quiera que se interponga.
Solo las mujeres salvarán a las mujeres en La apariencia de las cosas
Durante toda la película, son las mujeres las que hacen saltar las alarmas ante la situación de Catherine, son las que la defienden y señalan que lo que está haciendo puede convertirse en una pesadilla. Los hombres, por una razón o por otra, no logran o no quieren ayudarla.
En primer lugar, una amiga de Catherine cuando están todavía en la ciudad le pregunta si está segura de la decisión que va a tomar: dejarlo todo (su familia, sus amigas y su trabajo) para seguir a George a un pueblo perdido de la mano de Dios. Ella dice que sí, y ahí acaba la conversación, porque qué le vas a decir a tu amiga en esta situación. Podemos ofrecer nuestra opinión, pero lo cierto es que cada una de nosotras somos libres de tomar la decisión que creamos oportuna, aunque sea la peor decisión de nuestra vida.
Después son Willis y sobre todo Justine las que podrían proteger a Catherine. Justine porque le tiene cariño y además ve facetas de George que Catherine no ve: la bufanda que le ha regalado a su amante (Willis), su comportamiento extraño en la pequeña fiesta que celebran en la nueva casa, el hecho de que es un fraude, el accidente de coche provocado por él.

Willis, aunque se supone que es la enemiga de Catherine, puesto que es la amante de su marido, también podría salvarla. La joven se siente mal desde el principio por su relación con George; por qué lo hace es otra cuestión, pero todo apunta a que un trauma pasado le hace volver a meterse en relaciones dañinas para ella. Podría confesarle a Catherine lo que sucede. Podría después aportar pruebas (un motivo) para inculpar a George en el asesinato de Catherine. De hecho, Willis está en el coche fuera de la comisaría cuando dejan salir a George, pero nunca queda claro si pasa a declarar o no.
Por último, el espíritu de la mujer que murió a manos de su marido en la casa antes que Catherine, la madre de Eddie, también pone todo de su parte por advertir a Catherine de lo que va a suceder. Ella puede reconocer el ciclo de violencia que se está desarrollando bajo la superficie de la familia ideal porque lo ha vivido, al igual que muchas de nosotras que sabemos cómo funcionan estos ciclos de violencia porque los hemos vivido o los hemos estudiado, podemos observarlos en otras personas que viven ajenas a ellos. Siempre es difícil darte cuenta de lo que sucede cuando te está pasando a ti: por eso el espíritu intenta advertir a Catherine, pero sus intentos se ven truncados por su marido, que la silencia incluso en forma de espíritu.
En la vida real es por esto que es crucial que no fiemos de nuestro entorno cuando nos advierten de comportamientos que no les gustan.
El final de La apariencia de las cosas: todo lo que se ha construido se tira por tierra
He de admitir que La apariencia de las cosas, aunque como he comentado en esta entrada tiene cosas interesantes, no me parece una buena película. Las actuaciones están bien, pero falta la tensión que caracteriza a las películas de terror y el guion no me parece que esté bien hilado.
Esto es especialmente evidente en el final de la película, que para mi gusto es muy poco satisfactorio. Por desgracia, como sucede a veces también en la realidad, la policía no tiene suficientes pruebas para acusar a George del asesinato de su mujer. La película está hecha para que empatices con Catherine y el resto de mujeres de la misma, con lo cual saber que no se hará justicia es muy frustrante; sin embargo, no parece esta una sensación buscada por la dirección de la peli.
La película no termina con el asesinato de Catherine ni la liberación de George de comisaría: sigue un poco más, hasta que Justine se despierta. Parece que por ese lado se podrá hacer justicia: ella puede darle las pruebas o la causa plausible a la policía. Sin embargo, cuando esta le escribe una nota a George de que recuerda todo lo sucedido, este huye a la mar. Ahí su barco se hunde entre las llamas que, se supone, son del averno.
Es decir, en lugar de ser condenado por la justicia humana, le condena una especie de justicia divina. Quizá para las personas creyentes que vean la película esto es suficiente, pero como agnóstica, no me satisface.
Me parece que la idea de que quien no paga en vida pagará tras su muerte es un bálsamo ideado para mantener calmadas a las vícitmas de los crímenes que sistemáticamente no reciben justicia ni reparación.
En la realidad, George seguramente hubiera seguido con su vida y se hubiera casado con otra mujer más adelante a la que hacerle lo mismo que a Catherine, hubiera muerto de otras causas más adelante y descansaría en su tumba sin haber pagado por nada de lo que hizo.
No podemos siquiera creer que George realmente vaya al infierno, porque el espíritu del maltratador de la casa previo a George sigue en la casa, atormentando a su mujer. ¿Cómo es que uno se queda en el mundo de los vivos y el otro no? ¿Podría ser que George vaya a volver también en forma de espíritu para torturar a Catherine también durante la muerte? Si se supone que quienes han hecho el mal pagarán durante su muerte si no lo hicieron en vida, ¿cómo puede ser que el espíritu del hombre anterior perdure, haciéndole lo mismo a su mujer que le hacía en vida?
Soy una mujer espiritual, pero no religiosa. Por lo tanto, este final de justicia divina no me resultó satisfactorio. Creo que Catherine, y todas las mujeres que mueren a manos de sus parejas y exparejas, se merecen más de nosotros, los humanos.
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Pues entonces te va a encantar A volantazos: sexualidad femenina en las series, mi nuevo libro. En él analizo qué ideas sobre la sexualidad de las mujeres aparecen en Sex Education, Élite, Fleabag, etc. y cómo eso construye la narrativa de la sexualidad de las espectadoras. Como ya sabes, es un tema que me apasiona, que trato en mi blog y sobre el que me informo continuamente, así que este libro es un sueño hecho realidad.







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