En mi casa, sorprendentemente, somos muy fans de las películas de zombies. Digo sorprendentemente porque en realidad somos muy cagados, y que nos guste cualquier género del terror es algo a resaltar. Para mí, el terror audiovisual es como esa espinilla que no puedes evitar explotar. Sabes que no es una buena idea tocarla, pero ahí que vas.

Probablemente no hay saga de zombis más épica que la que comienza con 28 días después. No sé si fue la primera película de Cillian Murphy, pero sin duda es una de sus más conocidas. Cuando la vi, me gustó, aunque es cierto que la vi mucho después de que se estrenara y su aportación principal —que los zombis corren, mientras que anteriormente eran criaturas lentas y torpes— ya la había visto replicada hasta la saciedad. Pero, como clásico que es, tenía muchas ganas de ver 28 años después, especialmente por lo que su promo prometía: zombis inteligentes (¿querían marcarse otro momento revelador para el género al estilo de «los zombis ahora corren»?) y —wait for it— sectas. Me gusta más una trama sectaria que a un tonto un tambor, no me escondo.
Sin embargo, he tardado tanto tiempo en verla porque la (única) reseña que había leído, de una plataforma de la que normalmente me fío porque tenemos visiones parecidas, decía que era una epopeya masculinista profundamente influida por la manosfera. Después de leer Los hombres que odian a las mujeres de Laura Bates, no quería saber nada de la manosfera, los incels, ni los machos alfa. Así que la aparté; no sospeché nada porque, a decir verdad, las películas de zombis en general son bastante patriarcales (salvo por Ahí afuera, una película filipina que os recomiendo mucho)… eso de «volver a los roles de antes» porque el mundo ha colapsado se lleva bastante.
¿Qué nos trae de nuevo 28 años después?
El Reino Unido ha sido aislado del resto del mundo. Nadie sale de ahí, sin excepciones. Si lo intentas, hay un séquito de buques (generalmente franceses, según dicen) que te aniquilará. Es la única manera que se les ha ocurrido de mantener al virus que convierte a la gente en zombis aislado en las islas de Gran Bretaña. Los paralelismos con el Brexit son tan obvios que no hay ni que explicarlos.
En Escocia, hay varios poblados de supervivientes que intentan hacer su vida. ¿Por qué eligieron Escocia? Probablemente porque Escocia fue una de las regiones que votó mayoritariamente quedarse en Europa cuando la catástrofe nacional del Brexit.
La vida ha cambiado drásticamente: no hay tecnología, no hay apenas comodidades, ni las formas de ganarse la vida son las que eran. La historia se centra en Spike, un chaval de 12 años cuyo padre es uno de los cazadores de zombis de la aldea. Por qué tienen cazadores si viven amurallados y protegidos, y son autosuficientes, no lo sé. Quizá ahí entra en juego la manosfera y la creencia de que al enemigo hay que aniquilarlo, domarlo, quitarle territorio; y de que los hombres —al menos algunos, los alfa— necesitan agredir. Por lo tanto, mejor poner a buen uso esa violencia y usarla para reducir las hordas de zombis.
A Spike le toca iniciarse. Aunque varias personas —incluida su madre— piensan que es demasiado pronto, el padre ignora las advertencias y le saca a que cace sus primeros infectados. La misión no va tan bien como esperaban, pero vuelven sanos y salvos (aunque con un poco de estrés postraumático) al poblado. Por el camino, Spike ha visto una columna de humo que, como acaba averiguando, pertenece a un doctor que vive solo en medio del bosque y de los zombis. Según su padre, está loco, pero Spike se aferra a la esperanza de que este pueda salvar a su madre, Isla, que está muy enferma. Imposible que su nombre sea casualidad.
Por lo tanto, Spike saca a su madre del poblado para llevarla al médico. Las cosas se tuercen pronto, pero logran escapar de una horda de zombis gracias a un soldado sueco que, por mala suerte, ha terminado en el país. Como dije antes, nadie sale, así que el joven está condenado a permanecer entre no muertos durante el resto de su vida, que resulta ser corta. Después de que la madre ayude a dar a luz a una zombi —la niña nace sana— y el soldado monte en cólera, el alfa que va a cobrar importancia a partir de ahí (Samson) lo agarra y le arranca la cabeza, que es la manera de matar que tienen los alfas (menciono este detalle porque creo que es relevante para un análisis de género, aunque ahora no se entienda).
Spike y su madre huyen de ahí con la pequeña hasta llegar al médico. Resulta que no está loco, es que tiene una concepción más profunda de la vida y la muerte que el resto, y su altar de huesos es un tributo a todos los que han fallecido por la epidemia del virus de la rabia y por otras causas. El médico diagnostica a la madre: ella tampoco estaba loca, tenía cáncer metastático en el cerebro. No hay nada que pueda hacer por ella más que darle una muerte digna.
Tras el fallecimiento de su madre, Spike sigue su camino. Lleva a la niña —que se llama Isla, y que seguramente sea clave en la segunda parte como símbolo de esperanza— a su poblado, pero no quiere quedarse ahí. Quiere explorar , así que se va corriendo y pronto se encuentra, una vez más, con una horda de zombis. Son demasiados, no tiene escapatoria, hasta que llega un grupo de asesinos acróbatas —¡LA SECTA!— a salvarle. Admito que me puse triste cuando vi que la aparición de esta gente perturbada quedaba solo como cliffhanger para que veas la segunda parte. Pero funcionó. Voy a ver la segunda parte, seguramente en cines.
Y ahora, bienvenidas a mi análisis de género, seguramente el más largo que he escrito hasta la fecha, porque me he cansado de optimizar para Google.
28 años después no es la fantasía masculina que parece a simple vista
28 años después es una película de violencia extrema, regida por la lógica de la escasez, probablemente con un público objetivo mayormente masculino y con tres personajes femeninos que no hablan entre sí. Sin embargo, no es (tan) misógina como otras que he visto con mayor presencia de mujeres. Derroca la idea de debilidad femenina y muestra admiración por la capacidad de crear vida en nuestro interior. Es posible que esa idealización se deba a una fantasía masculina de lo que es la feminidad, pero creo que no. Creo que Danny Boyle lo que respeta son los cuidados, que han estado históricamente asociados a las mujeres y que en esta película se redistribuyen un poco para subrayar su importancia.
Solo sobrevivirán los hombres débiles
Una manera de ver qué se premia y qué se castiga en una película es observar quién muere y cómo. En 28 años después mueren dos personajes, un hombre y una mujer, el primero de manera violenta y en contra de su voluntad, y la segunda sin dolor y en paz con su destino.
El hombre que muere es el soldado Eric, una representación perfecta del ideal de masculinidad de la derecha contemporánea: fuerte, guapo, valiente, desapegado, «racional», ario como solo puede serlo un sueco. Ayuda a un niño y a su madre, pero más por «deber» que por empatía, como muestra una y otra vez con sus comentarios. Con la conversación entre él y Spike acerca de su prometida, nos queda claro que Eric ve a su pareja como un bonito florero que decora su valerosa vida, por lo cual él apoya las operaciones estéticas que se ha hecho la chica. Spike, que no está acostumbrado a ver esos rostros artificiales, no entiende el por qué de tanta modificación fisica, le parece consecuencia de una reacción alérgica y siente pena por la joven.
Eric se metió a militar porque quería hacer «algo de provecho» con su vida, quería impresionar, vivir aventuras, ayudar a su patria. Así es como muchos ejércitos anuncian sus vacantes para que los jóvenes se alisten. Así es también cómo Eric se burlaba de un amigo suyo que se había metido a repartidor, puesto que ese trabajo no era lo suficientemente masculino. Sin embargo, tras el accidente que le deja atrapado en la isla mortal, Eric cambia de opinión: en lugar de fardar de su vida, le gustaría llegar a vivirla.
Mientras que él se está jugando su existencia —¿para qué?, se pregunta—, su amigo está tranquilo en casa, seguramente viendo una película con su novia.
La crítica a la masculinidad violenta y militarista es más evidente aún con la intercalación de fragmentos de grabaciones del ejército británico en la Segunda Guerra Mundial al principio de la película, cuando Spike y su padre salen a cazar zombis.
Por otra parte, la madre de Spike, Isla, no ha pedido el destino que le ha tocado. Ella vivía presumiblemente tranquila antes de que estallase la terrible epidemia a la que sobrevivió por habilidad y por suerte, pero luego le tocó un cáncer que le causa mucho dolor y confusión. A pesar de todo, ella aún ve la humanidad en los zombis. Ha preservado las emociones complejas que distinguen a los humanos de, precisamente, las criaturas que genera el virus de la rabia.
Boyle opta por un final mucho más plácido y emocionalmente cargado para Isla que para Eric. Mientras van de camino hacia el doctor, se cruzan con una mujer zombi dando a luz. Por unos instantes, esta zombi ha perdido sus instintos asesinos, e Isla se acerca a ella para darle la mano y acompañarla en su parto (aunque no intercambian palabras, ¿podríamos considerar este acto de comunicación no verbal el momento en el que la película pasa el test de Bechdel?).
Eric quiere matar todo lo que le atemoriza y no entiende, mientras que Isla quiere ayudar y entender. Mientras que esto último normalmente es sentencia de muerte en una película así, aquí se ve recompensado.
Por último, y quizá más importante, Spike es el héroe de la película y su aventura se centra fundamentalmente en la empatía y el cariño que tiene por su madre. Spike no habla el lenguaje de la masculinidad de su padre y de Eric, no lo entiende. Se lleva mejor con su abuelo y su madre que con su padre, y no trata a Isla de loca. Es valiente e inocente, una combinación que probablemente dio pie al dicho «de valientes está el cementerio lleno», pero él sobrevive, le da una muerte digna a su madre y decide quedarse fuera del poblado, lejos de las cadenas de orden y masculinidad que le tocaría vivir si aceptara su protección.
Lo que le espera fuera de los confines de la sociedad en la que creció es una jauría de acosadores, aprender a defenderse y aliarse con otros en su misma situación, lecciones que toda persona que pertenece a la otredad conoce.
Los alfas son malos
Creo que es obvio que el término «alfa» para referirse a los zombis inteligentes (todos hombres, hasta donde he visto) no es casual, como tampoco lo es que al virus lo hayan llamado el virus de la rabia, esa emoción que parece ser la única que se permite en los hombres. No sé si la nomenclatura «alfa» viene directamente de la cultura incel y su segmentación de los hombres en alfas (los que ligan por sus atributos) y betas (los que no ligan, o si lo hacen es solo porque son unos pagafantas), o de las camadas de lobos, donde el alfa es el líder de la misma, lugar del que surgió la nomenclatura incel in the first place. Da lo mismo; la conclusión es la misma.
El término de lobo alfa está desactualizado. La idea de que un lobo lidera a todo el grupo de lobos de diferentes familias sucede solo en cautividad. En su entorno natural, los lobos se agrupan por familia y son el padre y la madre, como pareja, quienes dirigen la camada. No se suelen dar siquiera peleas entre machos por el poder.
Pero no debemos olvidar que, alfa o no, estos zombis son los malos de la película y están atravesados por la rabia. Representan la violencia desmedida, la furia, la falta de la contención que nos hace humanos, el overkill (concretamente, los alfas no muerden, le arrancan la cabeza a sus víctimas, un acto violento premeditado y sin utilidad). Quizá representan, precisamente, lo que la cultura incel idolatra y por eso llevan ese nombre.
Dinámicas familiares y masculinidad en 28 años después
Al comienzo de la película, parece que el punto de referencia sobre cómo ver el mundo para Spike es su padre. Su madre está indispuesta en la cama y su abuelo no aparece. Es su padre, pues, el que le está educando y quien le enseñará su posición en la sociedad en la que vive.
Sin embargo, su padre saca a Spike al peligro exterior con tan solo 12 años, cuando habitualmente se espera al menos hasta los 14 o 15. Pensad en un niño de 12 años expuesto a unos seres que parecen humanos y que son altamente peligrosos, a los que tiene que matar. Me parece de una crueldad enorme.
La excursión, hecha en contra de la voluntad y el consejo de varias personas (crucialmente, mujeres), se tuerce: Spike y su padre se cruzan con una horda liderada por un alfa. El niño no atina con el arco y el alfa por poco les pilla.
Sin embargo, a la vuelta les espera una fiesta épica. Digo épica por varios motivos. Primero, porque es el lugar donde el padre cuenta una épica: transforma su muy mediocre excursión en una odisea donde él, pero sobre todo su hijo, son unos hérores valientes e invencibles. Segundo, es donde se construye la épica de la masculinidad, la recompensa por construir su personalidad de acuerdo con preceptos que cojean.
¿Quién se marcharía a arriesgar su vida sin necesidad si no lo recibieran de vuelta con una fiesta así, adorando su valor y su violencia, alimentando su ego?
Eric se plantea una versión de esta misma pregunta cuando habla con Spike de por qué ha acabado en la isla maldita: si no hubiera caído en la trampa de la épica masculina, estaría en su casa con su prometida viendo una película en el sofá, como tú y como yo.
Pero Spike ha vivido la realidad de la cacería. Sabe que no es elegante ni gloriosa. Es miedo, sangre y suerte. No hay glamour. Su padre está contando lo que pasó, pero a su vez no es la realidad (a veces importa más cómo narramos los sucedido que los hechos en sí). Cuando le pregunta al respecto, obtiene violencia y silenciamiento de vuelta.
A nadie le puede pasar desapercibida la notable la diferencia entre cómo los dos hombres de la casa tratan a Spike. Su padre pide silencio y que le siga el juego, y cuando no lo hace, da un puñetazo a la pared y se marcha. Le oculta información, establece lo que se debe saber o en base a su criterio unilateral. El abuelo, sin embargo, le trata con más compasión y le explica lo que Spike quiere saber.
Más adelante, Isla le pregunta a Spike si su padre juega con él como su abuelo hacía con ella. Ante su negativa, Isla dice que seguramente se deba a que su padre está intentando prepararle para el mundo que le espera (en el mundo en el que vivió Isla de pequeña no había zombis). Probablemente es cierto en parte, al igual que es cierto que el padre del niño de la serie Adolescencia también lo hace: les educan para seguir las normas de la masculinidad, en unos casos más lights que en otros, para que no sean carne de cañón.
Porque quien se sale del mandato, todos lo sabemos, sufre exclusión, acoso y bullying, como poco.
Sin embargo, 28 años después parece señalar algo que el feminismo lleva tiempo subrayando: las normas de la masculinidad implican cercenar la expresión emocional y el vínculo cariñoso y profundo entre hombres, les aísla y les hace más agresivos porque no tienen manera de sacar sus emociones de otra manera que no sea la rabia.
La desprotección emocional que esto supone se materializa en la contraposición de las experiencias que Spike vive cuando está fuera del poblado con su padre y con su madre. Su padre le impulsa a defenderse por sí mismo, arriesgando con creces la integridad física de ambos. Finalmente, no puede protegerle y son los defensores del poblado los que matan al alfa que les persigue. Cuando Spike está fuera con su madre, una decisión bastante peligrosa teniendo en cuenta que Isla está muy enferma, en un momento de lucidez esta le protege de un zombi en la noche: Spike no sufre siquiera angustia al verse en peligro, su madre le protege más que nadie. Después, Isla vuelve a su estado delirante.
La última manera en que el director, Boyle, desacredita al personaje del padre es a través de la figura del doctor. Según él, es un loco. Le cuenta a Spike una historia en la que, a decir verdad, podría parece que el doctor es una persona un tanto perturbada. Sin embargo, Spike ignora la advertencia y lleva a su madre hasta él, porque es la única persona que podría decirles qué le pasa a su madre.
Sinceramente, si yo conociera a una persona que hace monumentos a la vida humana a través de monolitos de esqueletos, puede ser que también pensara que está loca. Sin embargo, en el contexto de la película, no es tan raro. La muerte es, como siempre, el gran igualador: ya seas zombi o humano, tu muerte merece ser honrada, y ¿cómo puede serlo si no es con tus propios huesos en un mundo donde todo recurso es escaso?
El doctor, sin embargo, es una persona que ha logrado sobrevivir 28 años a un apocalipsis zombi él solo y expuesto, ya que no vive en ningún lugar amurallado. Ha encontrado, a través del conocimiento y no la violencia, sus maneras de protegerse: yodo, dardos tranquilizantes. No mata, solo escapa. Y es quien finalmente puede darle a Isla una salida del dolor que sufre.
Los únicos que tratan a Isla con condescendencia son el padre de Spike y Eric, los representantes principales de la masculinidad tradicional, a los que Boyle no recompensa de ninguna manera.
Simbología nacionalista en 28 años después
Aparte de lo mencionado anteriormente sobre ciertos paralelismos (conscientes o no) del aislamiento de Gran Bretaña debido al virus con el Brexit, hay otros guiños a cuestiones nacionalistas que no sé si han sido a propósito o no.
Todos los miembros del poblado de Spike son blancos y viven bajo una bandera inglesa, en Escocia. Esto tiene que ser a propósito: el Reino Unido debe ser de los países europeos con mayor diversidad y colgar una bandera del conquistador en el territorio que fue conquistado no puede ser casualidad.
Cuando Spike saca a su madre del poblado, lo consigue creando una distracción: quema una cabaña con recursos encima de la cual ondea la mentada bandera de Inglaterra. Justo antes de que veamos a Spike e Isla fuera, en la abundancia natural de Escocia, hay un close up de la bandera ardiendo.
Sin embargo, no puedo quitarme de la cabeza que no haya nadie no blanco y humano en la película. El único personaje de color con cierta relevancia es Samson, el zombi alfa principal, el antagonista mudo. Según cómo lo mires, los zombis lentos y obesos parecen personas asiáticas con mucho sobrepeso, aunque esa apariencia puede ser debida a la deformación por el peso acumulado. En cualquier caso, los únicos personajes de color son zombis. Esto me hace plantearme varias preguntas:
Si el poblado de Spike tiene una bandera de Inglaterra ondeando, ¿el hecho de que sean todos blancos es a propósito porque son nacionalistas (en auge en Reino Unido igual que en el resto de Europa) que no dejarían pasar a personas que no fueran blancas tras la protección de sus murallas?
¿Refleja algo que podría pasar, que los blancos se protegieran entre sí y dejaran al resto a una muerte segura? ¿O ha sido algo inconsciente?
Las personas de la secta que salvan a Spike también son todas blancas: ¿de nuevo, es aposta? Y de ser así, ¿qué nos está intentando decir Boyle?
Hay reseñas en las que se apunta a que la sociedad de 28 años después replica la de 2002, año en que salió la primera película y, siguiendo el argumento de la película, estalló la epidemia del virus de la rabia. Estas reseñas indican que en 2002 en el norte de Reino Unido, especialmente los pueblos de Escocia, no había tanta diversidad. Sin embargo, toda épica de zombis es también una épica de migración: los protagonistas habitualmente escapan de sus hogares para encontrar sitios más seguros. En particular, la gente que vivía en las ciudades sale de ahí todo lo rápido que puede, porque son zonas especialmente calientes. No sería de extrañar que hubiera, aunque fueran pocas, algunas personas de color en poblados del norte, emigradas de Edimburgo (llena de estudiantes internacionales) o Glasgow. Vamos, que no me vale esta excusa.
El hecho de que durante la película se mezclen escenas y audio del ejército británico durante la Segunda Guerra Mundial me hace pensar que tiene que haber un mensaje más profundo que simplemente «Boyle es racista». Simplemente por ahora no me queda claro, y espero a ver la segunda para aclarar, quizá, este punto.

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