En favor de «Cumbres borrascosas»

Ya sé que con esta entrada me estoy metiendo en un berenjenal que nadie me ha pedido, pero creo firmemente que, te haya gustado o no «Cumbres borrascosas» el hate que está recibiendo tanto la película como su directora, Emerald Fennell, no están fundamentado. No porque no haya cosas que criticar, toda creación artística las tiene, pero porque se ve a la legua que la gente se está subiendo al carro de odiar a una mujer poderosa porque está de moda. Y pasa cada vez. Es cansino ver cómo incluso entre círculos woke el odio hacia las mujeres con éxito se regurgita en cada momento, como si fuéramos las revistas de cotilleo que muchas leían de adolescentes.

Evidentemente, una mujer que ha creado tres películas con el presupuesto que tiene ella, que es una nepobaby, que ha tenido éxito en taquilla, tendrá ideas de la clase privilegiada de la que procede (o, en el caso de otras famosas, en la que se ha adentrado). Mirad lo que os digo, que creo que ni Bad Bunny escaparía de esa, si le mirásemos con la lupa que miramos a Fennell (sus letras no son siempre tran liberadoras como querríamos pensar, vistió de ZARA en la Super Bowl… Porque tiene un contexto en Puerto Rico, sí, pero Amancio Ortega sigue siendo Amancio Ortega, y sin duda esa promo al mogul de la ropa le vino de lujo).

No creo que Fennell haga películas peores comparadas con otras que han tenido ese mismo éxito, o más, en taquilla. ¿Que no nos gustan algunos de sus mensajes, como sus adulaciones a las clases pudientes? Okey, válido, tampoco me gusta el simplismo de buenos y malos de las películas de superhéroes de Marvel. Así que no las veo. Pero tampoco me pongo a despotricar de sus directores ni, curiosamente, se forma una ola de odio online.

Cuando parece que todo Internet odia algo con argumentos abstractos o directamente mal orientados, debería saltarnos una alarma.

Se nota que a Fennell la estamos odiando porque es lo cool, lo trendy, lo iluminado, porque una influencer dijo esto y lo otro, y ya todas las demás se subieron al carro, reproduciendo el mismo mensaje. Pero una opinión deja de ser iluminada cuando no es original, cuando está copiada sin reflexión propia.

La comparativa en este artículo va a ser de suprema importancia. Porque creo que es esta misma comparativa la que mejor demuestra cómo el odio a Fennell y «Cumbres borrascosas» no está basado en la calidad de la película, sino en el hecho de que se atrevió a tocar la obra de una autora sagrada siendo una mujer privilegiada.

La película no es fiel a la obra original

De verdad, creo que no hace falta explayarse en este punto. Quien no lo entienda es porque no lo quiere entender.

Desde un principio, Fennell dejó claro que su película no era una adaptación fiel, ni pretendía serlo. Por si había dudas, el trailer lo dejó claro.

Sinceramente, cualquier persona creativa puede hacer lo que le venga en gana con la obra de otra persona, menos plagiarla o robarla sin darle crédito. Ofenderse porque no es lo suficientemente fiel cuando ella ha dicho que no pretendía serlo no tiene sentido. Lo siento, pero ¿cómo te puedes enfadar por algo que ya dijeron que no ibas a tener? Si vas a ver la película y te decepciona por esperar algo que ya se había confirmado que no iba a haber, ¿de quién es el problema?

Pensar que hacer una «mala» adaptación es una falta de respeto es no entender el proceso creativo. Cada cual ve una obra desde su prisma y la reinventa desde ahí. Por supuesto, puede no gustarnos la visión que otra persona tiene de una de nuestras obras favoritas, pero eso no significa que la adaptación sea mala, sino que es diferente a lo que querríamos. Intentar rendirle homenaje a algo y no conseguirlo no es lo mismo que escupir sobre una obra.

Por ejemplo, Wicked es de mis libros favoritos de la adolescencia. En cuanto vi los trailers (y toda la promo) de las películas y escuché por encima las canciones, supe que no me iban a gustar, así que no las he visto.

Vi Frankenstein de Guillermo del Toro, una adaptación que sí que pretende ser fiel a uno de los libros que más me han marcado. Muchas decían que la adaptación del director sería la que Mary Shelley hubiera querido. Discrepo profundamente. La adaptación de este hombre experimentado y consagrado me pareció superficial, vacua, las actuaciones acartonadas… la película se salvaba por la imagen que, comparada con la de«Cumbres borrascosas» tampoco me parece para tanto. La novela de Mary Shelley es profundamente introspectiva, un estudio del nacimiento de la crueldad debido a la violencia recibida, y aunque del Toro capte lo básico, no capta la profundidad emocional del monstruo ni de la novela en sí. Pero no me enfadé. No tengo duda de que Guillermo del Toro hizo la película con muchísimo esfuerzo, dio la mejor versión que pudo, respeto que a otras personas sí que les haya transmitido lo que a mí me ha faltado -no se me ocurriría decir que quienes disfrutaron de esa versión de Frankenstein son tontos, como estoy viendo decir de las fans de «Cumbres borrascosas»– y que quizá es que yo tengo otro estilo que me resuena más.

Tampoco veo demasiada indiganción por la interpretación que se ha hecho en pantalla y teatro de Lolita de Nabokov, con las implicaciones que tienen esas adaptaciones a la hora de interpretar el mensaje de la obra. Mientras que Nabokov no pretendía hacer de Lolita una mujer fatal (una niña fatal, más bien), sino mostrar que Humbert Humbert era un criminal triste y deleznable, las adaptaciones al cine han mostrado justo lo contrario.

¿»Cumbres borrascosas» da lo que promete?

Sí, sí y sí. Fennell ha explicado que lo que pretendía reproducir con su adaptación era la sensación que ella tuvo a los 14 años al leer Cumbres borrascosas por primera vez. Imagino que cada una de nosotras tuvo una impresión distinta de la obra cuando la leímos. Yo la leí más o menos cuando Fennell, a los 15 o 16, y la interpreté más o menos igual: como una historia de pasiones que desbordan y gente desquiciada. No tenía la habilidad aún de ver la historia desde fuera a la vez que comprendía a los personajes, y yo era una adolescente muy volátil, pasional, yo que sé, por lo que Cathy no me parecía tan insoportable ni Heathcliff tan malo. Menos mal que todas maduramos.

Hay quien llama a «Cumbres borrascosas» un fanfic como si eso fuera algo de lo que avergonzarse. Adivinad quiénes son mayormente las creadoras de fanfics y cuál es su público objetivo mayoritario. ¿Unimos puntos?

Por esto creo que «Cumbres borrascosas» da exactamente lo que promete. Así leí yo la obra de Brontë en mi adolescencia, con la excepción de que me pareció un libro aburridísimo (creo que si lo releyera hoy otro gallo cantaría), y la película me ha tenido más enganchada.

Según decían Reinas y Repollos en el episodio 40 Diablas y endemoniadas: El Exorcista (1983) de su podcast Chicas Tristes, la criatura más odiada o que más miedo nos inspira es la adolescente femenina (estoy parafraseando bastante, sorry). Más que eso, diría que todo lo que nos recuerda a una chica adolescente inspira rechazo por asociación, y un poco de eso en la crítica a «Cumbres borrascosas» también hay.

Ni tanto ni tan poco: el erotismo en «Cumbres borrascosas»

La sexualidad es siempre un tema que genera polémica, así que cómo no iba a hacerlo una película que es pura sexualidad femenina adolescente de los 90.

Para algunos es demasiado explícita para la época que pretende representar. Volvemos a que en realidad esto no es una adaptación fiel. Como dice @meriidiano en su videoreseña, Fennell ha creado un universo propio, universo que retrata cómo podía pensar una joven de 14 años de una novela gótica de amor tóxico. Desde la casa hasta los disfraces, pasando por el erotismo que exhuda la película, son la fantasía de una chavala adolescente nacida en una época más liberal que la de Brontë.

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Por otro lado, hay para quienes el trailer prometía mucho más de lo que se muestra en pantalla. Pero no sería realista creer que una chica tan joven nacida en una época previa a la masificación de Internet, la extrema hipersexualización femenina que vivimos ahora y la pornificación de absolutamente todo fuera a imaginar que la novela de Brontë tenía la pinta de Nimphomaniac (2013).

«Cumbres borrascosas» representa una sexualidad profundamente feminizada que creo que, por desgracia, se nos ha olvidado que existió. Es la sexualidad que mis amigas y yo teníamos de adolescentes: basada en lo insinuado, las miradas, la distancia, los roces, más que en lo burdo, la exposición, la consumación inmediata.

Basada también, claro, en la toxicidad que Heathcliff y Cathy encarnan. Queríamos ser la obsesión de alguien, que diera todo por nosotras, que prometiera amarnos siempre, que no pudiera olvidarnos. En ese momento, creíamos que aquello era posible sin la parte negativa: el acoso, el control, el desequilibrio de poder.

Muchas, aunque sepamos que es imposible, deseamos un amor de esa intensidad si tan solo pudiéramos tenerlo sin sacrificar nuestra felicidad.

Creo que el tipo de deseo que aparece en la película, ese que crece porque no se puede consumar de inmediato, es un deseo mucho más interesante que el deseo «masculino» de lo inmediato y lo brusco. Da más lugar al juego y a la seducción que, en mi opinión, son la parte más divertida del encuentro y que construyen intimidad. Además, a nivel de historia mantiene a la espectadora prendada de la pantalla para ver si ahora sí.

Pero nos hemos dejado arrollar por la pornografía, que ha copado el entretenimiento más allá de quienes ven sus vídeos. Acostumbradas a que todo sea explícito hasta decir basta, la insinuación, tanto en la fotografía como en que Cathy y Heathcliff no consumen su deseo hasta mucho más tarde de lo que «podrían», no resulta suficiente. Para más pruebas: Chica contra chica de Sophie Gilbert. Hemos perdido la magia de la seducción y, por lo tanto, películas más delicadas y aun así muy hot como «Cumbres borrascosas» nos parecen demasiado superficiales.

El erotismo es algo que crea un fuego que se mantiene incluso después de la consumación y que puede ser reavivado con facilidad si las ascuas siguen ardiendo. Lo pornográfico no funciona si no tenemos el estímulo delante, pero parece que si no nos encendemos así, de repente, nos pasa algo.

Sé que es más complejo que esto, pero luego que si las parejas no follan.

También hay gente que se queja de que haya BDSM en la película, pero no porque sea una representación incorrecta, sino porque dicen que está ahí solo para causar escándalo. Una vez más, discrepo.

La película al completo es una exageración y es una mezcla constante de deseo y perdición, deseo y humillación, deseo y violencia. Hay un juego de poder entre Cathy y Heathcliff que se va desequilibrando en cada fase nueva en la que entran. Me parece que el BDSM encaja bastante bien en este panorama, y que además, al contrario que en muchas otras producciones, se representa con bastante más tacto. De hecho, responde a las necesidades de la película:

La pareja de criados muestra la desigualdad de clase que se da incluso entre quienes sirven a gente con dinero. Mientras que él es quien toma las riendas -literalmente- en el encuentro con la otra criada, ella está por encima en la escala social y, cuando se casa, ni siquiera le saluda.

Continuamente se está lanzando el mensaje en la película que la pasión (erótica) desenfrenada es destructiva. En ningún momento queda más claro que cuando Isabella aparece fingiendo ser un perro porque Heathcliff se lo ordena.

Es lícito que queramos más o menos de una película, ese no es el punto. El deseo es algo muy personal y habrá cosas que para algunas sea muy poco y para otras demasiado. Sin embargo, me da la sensación de que quienes lanzan esta crítica no se han parado a reflexionar mucho sobre por qué el deseo que aparece es así.

«Cumbres borrascosas» es grotesca

Lo pongo sin interrogaciones porque sí, creo que esta crítica es legítima. Si no te gusta lo grotesco quizá «Cumbres borrascosas» te resulte desagradable y estás en todo tu derecho de que no te entusiasme. Sin embargo, creo que lo grotesco aquí cumple una función, al contrario que en otras producciones donde lo desagradable tiene solo el objetivo de impactar (por ejemplo, 28 años después).

Para mí, «Cumbres borrascosas» trata del poder destructor del deseo desenfrenado (una premisa que a una niña de 14 años creo que le fascinaría). Este deseo es fundamentalmente romántico-sexual, pero también toma otras formas como, por ejemplo, el alcoholismo del padre de Cathy, uno de los personajes más grotescos de toda la película.

Diría que la exploración de la miseria humana a través del deseo y del amor es uno de los temas centrales en las películas de Emerald Fennell: en Saltburn, Oliver Quick encarna claramente esta premisa tanto desde el punto de vista del deseo erótico como de la ambición por el dinero de la familia Catton.

En Una joven prometedora el tema del deseo destructor toma otra forma más «socialmente aceptable» entre la izquierda: los hombres aprovechándose de mujeres borrachas caen en la trampa de Cassie; el violador de su amiga acaba detenido el día de su boda; Cassie misma termina muerta por la necesidad de vengar a su amiga, que no conoce límites.

Lo grotesco en la película tiene sentido porque genera incomodidad en una trama que sino podría interpretarse como la de amantes atormentados (como se hace en muchas otras historias de amor tóxico), divididos por causas externas y que lo único que desean es estar juntos. Ay, mundo cruel. De ahí, obviamente, los extractos de Romeo y Julieta de Shakespeare en algunas partes de la película.

La relación de Cathy y Heathcliff es, en sí misma, algo grotesca (son una mezcla de señora y sirviente, hermana y hermano).

Lo grotesco, pues, sirve para mantener a las espectadoras en la ambigüedad: siento un deseo que me consume, con este deseo desaparezco, se borran los límites, lo idealizo… pero en realidad no es ideal, es destructor. También creo que encapsula la ambigüedad de la adolescencia, donde todo es una mezcla de pasión y asco. Nos desarrollamos para tener cuerpos de hombres y de mujeres, se dispara el deseo por lxs otrxs, pero olemos fatal, nos salen granos y vello, exhudamos grasa. Nos volvemos insportables e intensos, como Cathy y Heathcliff. El amor es lo más importante, pero es un amor idealizado, insostenible, ridículo por su intensidad. Lo grotesco, pues, creo que no podía faltar.

¿Por qué han hecho mala a Nelly?

En primer lugar, con esta crítica volvemos al principio del artículo: no tiene sentido juzgar la película a partir del libro porque Fennell está intentado recrear una emoción, no una obra. Pero es que, además, considero que Nelly no es mala, simplemente no es perfecta.

La clave del comportamiento de Nelly, que intenta boicotear la relación entre Heathcliff y Cathy desde el inicio, creo que está precisamente en la primera vez que aparece el niño en la familia Earnshaw. Cathy se emociona muchísimo y le ve como su nuevo juguete, la persona con la que pasará la mayor parte de su tiempo. Antes de la aparición de Heathcliff, ese rol lo juega Nelly. Ella es su cuidadora, la persona con una mayor conexión con Cathy, que es la única persona de edad parecida a la suya y con la que, presumiblemente, tiene una relación de amistad además de la de cuidados. Nelly, además, ya ha sido rechazada antes y expulsada de su núcleo familiar.

Cuando se da cuenta de lo que va a pasar, que va a ser relegada a un segundo plano, Nelly se siente dolida. Se ve clarísimo en su mirada. A partir de ahí, le coge manía a Heathcliff y tiene una misión: separarles a ambos por venganza (otra vez el poder destructor del deseo, esta vez de conexión) y retomar su posición de poder-amistad con Cathy.

Por otro lado, aunque Heathcliff en la película sea blanco (otro punto de crítica para la película, ya que en el libro se insinúa que este no lo es, siendo seguramente gitano), viene de una clase social muy inferior. La unión entonces entre Cathy y Heathcliff no solo tiene tintes incestuosos, sino que es muy inapropiada para la familia Earnshaw. Aún por encima, el padre les ha llevado a la ruina por su adicción al alcohol y las apuestas, por lo que necesitan que Cathy se case con alguien pudiente para poder mantener una existencia digna (digna para la clase alta, claro). Heathcliff no puede cumplir con esta expectativa en el momento en el que Linton le propone matrimonio a Cathy.

Nelly depende económicamente de la familia Earnshaw. Sin ellos no tiene nada. Si Cathy se casa con Heathcliff, no solo sería la ruina de ellos dos, sino también la suya. Por lo tanto, el comportamiento de Nelly no es malvado a secas, es lógico por un lado, y nace del dolor por otro. La relación entre Nelly y Cathy creo que está mostrada en su complejidad: se quieren mal, como se quieren todos en esa historia. Nelly intenta, con las limitaciones de su posición y de la época, convencer a Cathy de liberarse del influjo de Heathcliff porque sabe lo catastrófico que sería que les descubrieran. Intenta, incluso, con su poder muy limitado, liberar a Isabella de su yugo.

Al final de la película, Nelly ignora las señales de que Cathy está gravemente enferma porque está harta del egocentrismo y dramatismo de su protegida. Como en Pedro y el lobo, Nelly no se cree que Cathy esté sufriendo tanto porque siempre ha sido dramática. Hacer un sacrificio así por la familia era algo habitual en ese momento, no había necesidad, según Nelly, de ponerse así. Creo que no es la primera persona en cometer un error de juicio por conocer de más a alguien y pensar que pueden entender mejor que esa misma persona lo que le está sucediendo. Por desgracia, su error tiene consecuencias muy graves, pero no es un acto de maldad.

Excepciones: críticas a «Cumbres borrascosas» que están pensadas

Os dejo aquí una lista de críticas o reseñas en las que se nota que, independientemente de si les gustó la película o no, al menos sus creadoras reflexionaron personalmente sobre lo que querían expresar. Habrá más, pero no me han llegado.

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En general, las críticas que he visto dicen, sin argumentar, que el guion es tonto y barato (coge frases literales de la novela, que igual su combinación puede no resultar del gusto de todos, pero creo que da que pensar) y que es mucha imagen y poca chicha (ejem, Frankenstein, ejem).

Igual que cada libro tiene puntos fuertes y puntos flacos, algunos tiran más por el lenguaje y otros más por la trama, algunos se hacen enrevesados y otros ligeros, el cine también tiene maneras distintas de contar historias. Hay películas con más impacto visual que otras, pero ¿por qué es eso algo a criticar aquí, mientras que en tantas otras obras se alaba? Por ejemplo, personalmente creo que la estética de Wes Anderson está chula, pero sus películas se me hacen infumables y la actuación, a propósito porque es el estilo del director, está bajo mínimos. Sin embargo, Anderson es un director más que consagrado. No sé Rick, parece misoginia.

Dijo Sandra Miret, divulgadora de cine, en sus historias de Instagram que algo a reflexionar sobre «Cumbres borrascosas» es que su exageración de atrezzo, vestuario y actuación es propia del teatro. Lo que ella percibía era que, quienes en su entorno eran amantes del teatro habían disfrutado de la película, mientras quienes no solían asistir no le habían visto la gracia.

Por otro lado, hay personas con mucha influencia cultural que directamente afirman que la directora no entendió la obra y que Fennell les parece algo tonta.

Se me hace soberbio decir que alguien no entendió algo tan subjetivo como una novela, especialmente cuando ese alguien ha explicado que quiere dar la visión de una niña de 14 años. ¿Quién entendió Cumbres borrascosas con 14 años? ¿Quién puede afirmar, de hecho, que ha entendido una obra sin hablar directamente con su creadora? ¿Realmente es eso siquiera suficiente? Como autora, os aseguro que hay personas que han leído mis textos y luego me han contado interpretaciones que yo no había visto pero que, tras escucharlas, las veía también.

Y por descontado que llamar a una mujer con tanto éxito, nos guste o no, tonta, no es solo una falta de respeto sino bastante naïve.

Viene bien recordar que un pacto sororo es posible. La campaña de odio en redes que surge cada vez que una mujer famosa y poderosa saca algún producto cultural nuevo es delatora de que estamos muy lejos de conseguirlo, eso sí. Mientras tanto, el pacto patriarcal sigue bien fuerte con cosas mucho más graves que una adaptación de una novela que no ha gustado. Nos debería dar vergüenza, la verdad.

No tengo dudas de que Fennell, como mujer rica que es, tiene aspectos criticables. Su perspectiva de clase en Saltburn fue bastante inexistente. Otras mujeres archifamosas también hacen cosas muy criticables, como por ejemplo, defraudar a Hacienda, tener un montón de pisos con la crisis actual de vivienda en España, o volar en jets privados mientras estamos en medio de una crisis climática. Sin embargo, no suelen ser esas cosas las que se les critican.

Al final cada cual tiene su enfoque a la hora de ver o leer cualquier obra, y en particular Cumbres borrascosas. Hay quien le da más importancia al romance, otros a la diferencia de clase, otros a la raza de Heathcliff, y así sucesivamente. De ahí que los clubes de lectura sean tan enriquecedores.

Creo que haríamos bien en tener más prudencia al hablar de obras artísticas, en particular obras creadas por mujeres. Y de revisarnos mucho por qué hablamos tan mal de unas («Cumbres borrascosas»), y tan bien de otras (Frankenstein) cuando una nunca pretendió ser una adaptación fiel y la otra sí.


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