Marfil (segunda parte): el machismo se disfraza de nuevo

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Tipo de libro: novela romántica, juvenil, heterosexual.

En esta segunda parte de la crítica al libro “Marfil” de Mercedes Ron quería simplemente mostraros frases que me llamaron atención porque retratan muy bien algunas de las pegas que comentaba en la primera parte de la reseña, que podéis encontrar aquí. La mayoría de la crítica se basa en realidad en conceptos complicados y sutiles que están difuminados a lo largo de todo el libro y para los cuales apenas hay frases que te den tal bofetada que puedas abrir los ojos y verlo claramente. Pero por algún lado tenía que salir tanto machismo, y aquí tenemos algunos ejemplos.

Ya desde el primer capítulo podemos ver que el feminismo no es lo sostiene la trama del libro:

1. [Marfil hablando sobre su hermana pequeña]. Le faltaban apenas unos meses para cumplir los dieciséis y sus únicas preocupaciones eran que nunca había besado a un chico y que si seguía rodeada de mujeres iba a terminar convirtiéndose en lesbiana.

Aquí hay fundamentalmente dos problemas: el primero es que la hermana centra sus aspiraciones en la atención sexual de los hombres aunque está estudiando y podría tener otras aspiraciones. Además considera que obtener lo mismo de mujeres es algo malo. En el contexto del texto, se entiende perfectamente que ser lesbiana es una desgracia. Así que empezamos con un poco de machismo aderezado con algo de lesbofobia

2. [Marfil] Liam era un tío que, bueno… era un tío. Fin. Los tíos por regla general solo quieren pasar un buen rato y, también por norma general, las mujeres queremos eso y muchas cosas más, aunque yo no me incluya… Pero entendía que Virginia, Rose y… Tessi quisiesen algo más con mi mejor amigo. Era un partidazo… si le quitabas esa afición de tirarse a todo lo que se movía, claro.

Liam es el mejor amigo de Marfil, pero ella tampoco le exige que tenga un mínimo respeto por las mujeres, sino que se suma al carro y las deshumaniza, diciendo esta frase que a mí personalmente me revienta que es ‘tirarse a TODO lo que se movía’. Añadimos a eso el tópico rancio de que los hombres solo quieren follar y que, por supuesto, las mujeres, como somos mucho más sensibles y delicadas, no podemos follar por follar, sino que queremos enamorarnos y tener bebés desde el momento cero. Anda, por favor… es que no sé ni como describir esta disociación de la realidad. Y ya, la guinda del pastel, es el famoso ‘yo es que soy diferente’/ ‘yo no soy una chica normal y corriente, yo soy especial’ simbolizado por el ‘aunque yo no me incluya’. Sin comentarios. 

A la izquierda aparece un hombre joven y negro sonriendo a una mujer joven y blanca con un ordenador. A la derecha aparece una joven asiática con las manos en alto sin mirar a la cámara, explicandole algo a su interlocutor/a
Este es Liam intentando ser majo soltando pura mierda por la boca y a la derecha estoy yo preguntándome por qué se piensa que es algo aparte de un ignorante y un machuno (lo siento por el modelo de la foto, seguro que es majísimo en la vida real, pero es lo que le ha tocado).

3. [Marfil] Descubrí lo que estaba dispuesta a hacer por seducir a un chico.

Yo esto lo interpreto como que ella ha de sacrificar algo para seducir a un chico. Es decir, la atención de un hombre es más importante que sus límites, y que ella misma. Mi sugerencia es que no hagáis por un hombre (ni por nadie) cosas que os hagan sentir incómodas o violentadas, no sale a cuenta.

4. —[Liam] A veces me horroriza que te parezcas tanto a mí. [está haciendo referencia a que Marfil se ha fijado en un tío desconocido en el bar].

[Marfil] Negué con la cabeza, divertida.

—Sabes perfectamente que no nos acercamos ni queriendo.

Liam negó con la cabeza nuevamente.

—El hombre que termine follándote será un tío afortunado.

¿Por dónde empezar? Os dejo aquí un post donde hablo del tema de forma algo más poética. Los hombres no se ‘follan a’ una mujer/hombre, ‘follan con’. Y si realmente se están follando a alguien, no están teniendo sexo, están usando a una persona como un consolador de carne, y probablemente para la otra persona sea una experiencia mediocre a lo sumo. Ahí lo dejo.

Por supuesto, el horror de Liam ante la promiscuidad de Marfil es de una hipocresía y un machismo cegador, y, evidentemente, hay que aclarar que ella no le llega ni a las suelas de los zapatos a él en cuanto a desapego sexual, porque una mujer que no tiene ‘sentimientos’ durante el sexo es algo incomprensible. En fin.

Os dejo otro ejemplo de este lenguaje direccional de la misma conversación que me hizo chirriar los dientes:

—¿Y no te importa que vayan diciendo por ahí que te han follado sin descanso?

Al comentario de esta frase hay que añadir la insinuación de que el honor de una mujer está en juego porque ha mantenido relaciones sexuales. En la direccionalidad del lenguaje me parece que va implícito también la idea de que son los hombres los que dirigen la acción en el sexo, que las mujeres están ahí porque tienen que estar para ellos, pero no hacen nada, no tienen autonomía ni deseo propio, solo se dejan hacer.

Como os podéis imaginar esta actitud (machista) sigue por todo el libro:

5. —[Liam] A veces creo que no tienes ni puta idea de dónde te estás metiendo. Llegará alguien que te vuelva loca y, cuando eso pase, te tragarás todas esas ideas feministas que tanto te gustan. 

—[Marfil] No tiene nada que ver con el feminismo. Los hombres han usado a las mujeres desde el principio de los tiempos; cogen de ellas lo que quieren y se marchan. ¿Qué tiene de malo que yo haga lo mismo? No quiero que disfruten con mi cuerpo, solo quiero disfrutar yo.

La primera frase en negrita, pues bueno, es un hombre explicándole a una mujer que sus ideas políticas, que simplemente piden un tratamiento digno, son molestas, y que lo que realmente le debe importar (y le importará, le guste o no, porque el amor y la abnegación para las mujeres son innatas, parece pensar Liam) es encontrar a un hombre por el que sacrificar esa dignidad. Nada nuevo bajo el sol. No es más condescendiente porque no puede. Esta frase es importante también para entender la crítica completa: es aquí donde nos introduce la autora que Marfil sí se considera feminista, o que al menos habla sobre el tema con su amigo.

La segunda frase en negrita es más compleja: efectivamente, usar a otras personas para beneficio propio no es feminista ni tiene nada que ver con este movimiento. Pero la forma en que se desprende de él cuando están hablando de algo que creo que es central en el feminismo, la jerarquía de poder en las relaciones personales y en el sexo, me pareció hasta rastrero. Parece que lo hace para adornar el mensaje que sigue, de que ella es enrollada. Y bueno, añadir que el sexo en pareja o con más gente no es solo para que disfrute uno o una de los implicados. La liberación de las mujeres no pasará por igualarnos a los hombres en sus comportamientos tóxicos, es decir, sus privilegios. Porque si sigue habiendo una persona privilegiada, debe haber también una persona discriminada u oprimida, y así jamás construiremos una sociedad sana y justa.

A la izquierda, sobre fondo blanco, una mujer joven vestida con una camisa blanca y una falda negra con botones. Lleva gafas de sol y un pintalabios rojo. Tiene el pelo largo y castaño, en olas. A la derecha hay un chico joven todo vestido de negro en la calle.
Así me imagino a Marfil y Sebastian, la niña rica y el chico ‘malo’.

6. En mi vida había sido capaz de llegar al orgasmo, de ahí mi obsesión con dejar que los chicos me tocaran

Aquí hay dos problemas. El primero que no se ha masturbado y lo da como normal. Es decir, en el libro no concibe obtener un orgasmo de sí misma: ella espera que un hombre se lo dé cuando ni ella misma sabe como encontrarlo. Por supuesto, le llega con su amor verdadero a la primera y sin problema alguno. 

El segundo problema es la pasividad que se demuestra en la frase. No dice “en mi vida había sido capaz de llegar al orgasmo, de ahí mi obsesión con acostarme con chicos”, por ejemplo, sino que dice dejar que los chicos me tocaran. Es decir, volvemos a una protagonista que fuera de la cama es indomable, pero cuando se trata de sexo se deja hacer: no tiene iniciativa, es completamente pasiva, y cree en la magia del toque masculino. Ni que decir tengo que esto promueve una visión de la sexualidad femenina arcaica y dañina, puesto que la brecha orgásmica no es solo culpa de los hombres y su potencial vaguería ante el placer ajeno, sino también de las mujeres y, más concretamente, de nuestra educación. Nos dicen que no debemos buscar nuestro propio placer de forma independiente, y lo hacen tanto enunciando claramente que el placer femenino es raro, antinatural o sucio, como escribiendo libros de esta manera en la que lo normal (lo bueno) es que nunca nos hayamos tocado la vulva. Insinuar que las mujeres no podemos encontrar nuestro propio placer solas es infantilizarnos y es machista. 

7. Me había dejado con un calentón del quince sin nada que yo pudiese hacer para hacerlo desaparecer.

Mi pensamiento inmediato fue: ¿no tienes dedos, acaso? En fin, esto de que las mujeres no nos masturbamos y necesitamos un hombre para hacernos disfrutar… ya he dicho lo que pienso de ello.

Finalmente os dejo con una frase que ejemplifica lo que comenté en el primer análisis sobre los (semi)momentos feministas:

—O sea, que fue mi culpa que hicieras lo que hiciste porque yo te seduje con mi cuerpo demasiado atractivo para mi propio bien.

Aquí Marfil habla con Sebastian sobre la primera vez que se besan, y le recuerda que ni ella ni su cuerpo son responsables de las acciones que hagan otros.


Bueno, y eso es todo. Espero que os haya gustado este análisis tan profundo sobre Marfil, la primera parte de Enfrentados, de Mercedes Ron. Os recuerdo que podéis escribirme vuestras opiniones en comentarios, y si queréis sugerirme nuevas lecturas para hacer una reseña con perspectiva feminista, podéis escribirme a través de mi email, lipsclementine@gmail.com, o contactarme por Instagram o Twitter.

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