The Drama: ¿quién merece nuestro perdón?

Es difícil hablar sobre The Drama (2026) de Kristoffer Borgli sin hacer spoilers, más si queremos ahondar en sus temas fundamentales, así que sabed de antemano que los habrá. Si no habéis visto The Drama todavía, hacedlo antes de leer este artículo. En otras películas, hacerse spoiler quizá no tenga mayor relevancia, pero en esta sí. Así que hacedme caso, vedla antes de leer cualquier cosa al respecto.

¿De qué va The Drama?

En The Drama seguimos a una pareja a punto de casarse, Emma (Zendaya) y Charlie (Robert Pattinson). Están super enamorados y son monísimos (presuntamente). Se reúnen con su padrino (Mike, interpretado por Mamoudou Athie) y su dama de honor, (Rachel, interpretada por Alana Haim), que también son pareja. En esa cena, Rachel sugiere jugar a responder a la pregunta de «qué es lo peor que has hecho jamás«. Y entonces es cuando se empieza a liar parda.

¿Cuántas de nosotras estaríamos con nuestra pareja si, de la nada, nos contara lo peor que ha hecho? De hecho, ¿créeis que sabéis lo peor que ha hecho vuestra pareja?

Aquí va lo que dice cada uno. Y esto es importante, porque condiciona profundamente cómo se construye el perdón en la película, el tema central de la misma. ¿A quién podemos perdonar? ¿Juzgamos a las personas por lo que hacen, o por cómo de cerca nos toca lo que hacen?

En orden de confesión:

  • Mike: de viaje con una amiga a la que le tenía un poco de manía, se cruzan con un perro agresivo. Este ataca, y Mike usa a su amiga de escudo humano. Ella está azuzando al perro y finalmente el perro la muerde. Era el cumpleaños de la amiga. Mike está visiblemente arrepentido de lo que hizo, de hecho no quiere participar en el juego pero su mujer le presiona hasta que lo hace.
  • Rachel: de pequeña encerró a un niño con discapacidad intelectual en un armario en medio de un bosque y bloqueó la puerta. Después volvió con sus padres y a pesar de que los adultos estaban buscando al niño y le preguntaron directamente si sabía dónde estaba, no dijo ni mu. El niño logró volver, pero no sabe cómo. No está arrepentida, le parece gracioso lo que hizo y que «no fue para tanto» porque el niño consiguió salir, aunque no gracias a ella.
  • Charlie: dice que le hizo bullying a un niño en el colegio pero «es tan bueno» que nadie le cree. Más sobre la bondad de Charlie abajo.
  • Emma: planificó un tiroteo en su instituto. Antes de llevarlo a cabo, se arrepintió y nunca lo llegó a hacer. Está sorda de un oído porque para practicar disparó con la escopeta de su padre y se reventó un tímpano. Después de recular en su plan, se unió a un grupo de jóvenes anti-armas y ha hecho activismo en ese sentido durante mucho tiempo. Como explica la película, Emma quiso hacer un tiroteo porque era víctima de bullying severo por parte de sus compañeras, tenía un arma a su alcance y su padre la usaba con regularidad, y le atraía la estética de las mujeres con pistolas que rulaba por Internet. El proceso de radicalización solo se frenó porque hubo otro tiroteo antes que el suyo en un centro comercial de su zona en el que murió uno de sus compañeros de clase. El dolor del resto la hizo repensar su postura.

Una cosa que me ha gustado mucho de la película es que Kristoffer Borgli ha contextualizado el problema que tiene EE.UU. con los tiroteos en institutos sin restarles dolor ni importancia. El hecho de la que la potencial asesina sea una joven nos saca de la narrativa clásica acerca de los culpables y nos permite plantearnos otras preguntas.

No hay que olvidar que hay tiroteos de personas jóvenes que cada vez tienen más que ver con la manosfera y grupos de ultraderecha, y no con el acoso directo: ¿hasta dónde llega la culpabilidad individual y dónde queda la social?

¿Quién merece nuestro perdón?

Rachel y la cultura de la cancelación

Me imagino que muchas, al igual que yo, os habréis sentido muy incómodas con la postura de Rachel. Para mí, es el personaje que menos compasión merece, aunque ella parece creer que es de las pocas personas sin mácula.

Mi razón para ello es doble. En primer lugar, que sigue sin sentirse mal por la falta tan grave de encerrar a un niño en un armario en medio de la nada y luego no decir dónde está. Espera que el resto le quite importancia, porque la imagen de «buena persona» o, al menos, de persona normal que tiene de sí misma no está basada en sus actos, sino en la imposibilidad de ser mala persona. Muchas personas en la vida real también creen que son buenas personas, no por lo que hacen, sino porque no conciben no serlo. Al fin y al cabo, ser buena persona es «lo normal», ¿no? Debería salirnos solo, sin esfuerzo. Naturaleza humana. Pero por desgracia esa naturaleza se ve corrompida dentro de un sistema que te pone mucho más fácil joder a los demás que ayudarles.

Creo que Rachel representa a una gran parte de la población que define la maldad en base a grandes actos de crueldad con finales trágicos (por ejemplo, un tiroteo). Sin embargo, como explica Hannah Arendt, la mayoría de las veces el mal está en las decisiones menores que tomamos cada día, independientemente de sus consecuencias puntuales.

La filósofa desarrolló el concepto de «la banalidad del mal» para explicar cómo tantas personas pudieron hacerse afines a un régimen tan claramente maligno como el nazismo. La clave es que, aunque más adelante podamos analizar cada pequeña o gran decisión y fenómeno social que «predice» el grave final de una historia, en su momento esas decisiones pueden parecer triviales.

Este concepto también es aplicable a Emma: ella quiere hacer un tiroteo en parte por una serie de pequeñas coincidencias que podrían haberla conducido a causar un dolor irreparable: la erotización de las armas, la falta de apoyo por el resto del alumnado y profesorado, que no intervienen para ayudarla, el hecho de que para su padre usar una escopeta sea normal.

Al igual que los psicópatas son más difíciles de detectar en la vida real de lo que nos hacen creer las películas de Marvel, la maldad no se construye solo a través de grandes actos maquiavélicos.

En definitiva, la crueldad sigue siendo parte de Rachel, pero ella no la ve como tal porque su actitud para ella es normal. Para cada una de nosotras, en general las decisiones que tomamos en el día a día son normales.

En segundo lugar, Rachel tampoco distingue el bien del mal en su trato con la gente, solo distingue lo que le afecta a ella y lo que no. Ahí radica su parámetro de moralidad. Así lo demuestra con su falta de empatía al contar su acto más cruel, pero su fuerte y absolutista reacción con Emma. A Rachel le enfada tanto lo que nunca llegó a hacer Emma que decide tacharla de su vida, humillarla, dejarla tirada en el trabajo, etc. ¿Por qué? Porque su prima está en silla de ruedas debido a un tiroteo.

Evidentemente, tiene sentido que te afecte mucho la confesión de Emma si alguien que conoces tiene secuelas tan graves por un ataque similar al que ella planificó. Sin embargo, es el contraste entre la manga ancha que se da a sí misma (¿y si Emma tuviera una hermana con, por ejemplo, Síndrome de Down, que hubiera desaparecido en un bosque o hubiera sido víctima de bullying?) y lo estricta que es con el resto lo que ha convierte en un personaje hipócrita y desagradable. Por cierto, como señala la película tan ingeniosamente, la relación entre Rachel y su prima es mucho menos estrecha de lo que cabría esperar por su reacción.

¿Puede ser que Rachel, como tantas de nosotras con otras mujeres a quienes tenemos envidia, estuviera esperando a la primera excusa plausible para cancelar a Emma? ¿O es simplemente que es tan egocéntrica que no se da cuenta de su hipocresía?

La actitud de Rachel me recuerda muy de cerca a la de muchas personas que están esperando a que gente a la que siguen cometa un error para cancelarla. Esas mismas personas, sin embargo, se permiten licencias a sí mismas y a su entorno que no le permiten a quienes están deseando que caiga en desgracia. Es fácil echar de tu vida a Rosalía y J. K. Rowling, no tanto a ese amigo tuyo del que piensas «ojalá que nunca se eche novia», ¿verdad?1

¿Quién merece más perdón, Rachel, que no se arrepiente de lo que hizo y que lo volvería a hacer, o Emma, que nunca llegó a cometer su terrible acto y se arrepintió tanto que hizo reparación de un daño que no llegó a existir?

Emma vs. Charlie: la adolescencia vs. la adultez

Nadie escapa de la subjetividad de su experiencia y sus valores. Para mí fue más difícil perdonar a Charlie que a Emma. No por la nimiedad que contó Charlie, sino por lo que hace después de enterarse del plan de Emma.

¿Es más grave poner los cuernos de facto que planificar un tiroteo y no llevarlo a cabo? Probablemente no. Y es verdad que Charlie se arrepiente en seguida de lo que está haciendo y no «consuma» los cuernos.

Y, sin embargo, si yo fuera Emma no tengo claro si podría perdonarle.

No es (solo) lo que hace, sino cuándo lo hace. Emma lo está pasando fatal. Su única amiga y dama de honor le ha dado la espalda por completo a una semana de su boda. Su prometido no sabe ni qué decirle, le tiene miedo, la conexión que ella creía tan sólida se ha desmoronado. Su entorno más cercano la está juzgando muy duramente por algo que casi hizo muchos años atrás. Han borrado de un plumazo el contexto de su historia (de hecho, a Rachel es que ni siquiera le importa, no lo quiere saber) y el hecho de que se arrepintiera a tiempo con tanta intensidad que diera un giro de 180 grados.

La están juzgando por un solo evento de su vida que ni tan siquiera existió. Y no tiene a nadie a su alrededor a quien contárselo porque nunca había hablado de esto antes. La primera vez que lo hace, un tanto en contra de su voluntad, esta es la reacción.

Y en ese momento, Charlie, el supuesto buenazo, el empático y dulce Charlie, le pone los cuernos con su compañera de trabajo (subordinada, por cierto), una mujer a todas luces amoral.

Otro aspecto crucial sobre Charlie es que, para atraer a Emma, le mintió. Charlie consigue una cita con Emma porque la ve leyendo un libro y finge que lo ha leído también y que le encantó. En su primera cita, Emma le pregunta sobre el libro y él claramente no tiene ni idea de lo que está diciendo. Es decir, después de mentirle, no se ha molestado en leer el libro para, aunque sea, tener un tema de conversación con ella. Según Charlie, «eso ya sería raro».

La película nos muestra esta secuencia al principio, como si fuera algo dulce, pero con el avance de la trama se transforma. Nadie ve mal lo que sucedió, pero a mí, llamadme cínica si queréis, desde un inicio me saltó una pequeña alarma. Lo que creo que también es super interesante es que, si me hubieran contado lo mismo de otra manera (si, por ejemplo, Charlie admitiera que lo que hizo estuvo cuanto menos regular) creo que me hubiera parecido mucho más dulce. ¿Veis lo magistral de la construcción de la peli, que incluso nos hace preguntarnos por las opciones que insinúa pero que no llega a contar?

Todos nos vemos a veces sobrepasados a la hora de entablar una conversación de cero con una persona que nos interesa, y todos podemos hacer cosas que luego creemos ridículas o equivocadas.

Pero no creo que Charlie vea su estrategia como algo a revisar porque cuando Charlie engaña a Emma, no tiene pensado confesar. Solo lo hace por una combinación de factores que le hace imposible escapar de que salga todo a la luz. Sin embargo, Emma le perdona a cambio, parece, de que él deje atrás su pasado de casi asesina.

La posibilidad de cambiar

¿A quién se le permite cambiar?

Como alguien que se arrepiente de su comportamiento adolescente (tranquilas, nunca tuve armas) y que ha cambiado radicalmente a lo largo de sus 20, le doy muchas vueltas a esto. Hay personas que me han acompañado a través de los cambios, personas que han desaparecido de mi vida, personas que se han unido más tarde y personas que siguen en mi vida y que me siguen juzgando con el mismo prisma que hace una década.

Estas últimas me dan mucha rabia. No solo porque me hacen revivir episodios de mi vida que me dan mucha vergüenza o culpa (justificada o no), sino porque no me permiten evolucionar. Porque creen saber más de mí con su visión desactualizada que yo de mí misma. Creo que esas dos cosas (pensar que sabes más de alguien que esa misma persona y tener una idea absolutista de la misma) van de la mano. Por supuesto, esas ideas estancas nunca son positivas.

Creo profundamente en la posibilidad de cambio de las personas. Sí, las personas sí cambian. Pero para cambiar hace falta una cosa fundamental: ganas. Pocas personas tienen la valentía, la persistencia y la resiliencia para sostener esas ganas de convertirse en alguien mejor a lo largo del tiempo. Es más fácil seguir tomando las decisiones como siempre lo hiciste y pensar que, a pesar de todo, eres buena persona. Cambiar es un proceso muy desagradable porque te obliga a mirarte sin maquillaje ni disfraces, ver todas tus partes feas, aceptar el arrepentimiento y el dolor, a veces irreparable, que has causado. Es difícil seguir haciéndolo contínuamente.

Mucha gente se odiaría tanto si intentara transformarse que por autoprotección ni empiezan.

Cuando alguien te juzga con parámetros desactualizados te empuja de nuevo frente a ese espejo. Las emociones por las que pasaste para lograr actuar mejor y quererte más vuelven a aflorar. La imposibilidad de perdón y, sobre todo, ser juzgada por unos pocos sucesos de tu vida, como si el resto no contara para nada, hace muchísimo daño. Estoy convencida de que es una estrategia común en maltratadores.

Con esto no quiero decir que no haya que tener en cuenta el pasado de alguien para hacerse una idea de quién es en ese momento. No hay respuestas fáciles, ni recetas de análisis que sirvan para todos los casos. Evidentemente toda información es importante. Pero también hay que dejar espacio para la reinvención. Si no permitimos a la gente arrepentirse y cambiar, ¿cómo esperamos motivarnos para aprender de nuestros errores?

Por eso me da tanta rabia el personaje de Rachel. Ella no ha cambiado y quizá por eso no es capaz de entender que Emma genuinamente lo haya hecho. ¿Qué puede haber más genuino que ver el sufrimiento de otros y decidir cambiar tu rumbo?

Soy también defensora de que el contexto lo es todo. Creo que Kant se equivocaba profundamente al afirmar que hay acciones buenas y acciones malas, independientemente del contexto. Sin ir más lejos, ¿está siempre mal el asesinato? ¿Sí? Y si es en autodefensa, ¿también?

Para mí muchas veces importa tanto o más cómo se diga algo que lo que se dice en sí. Gran parte del maltrato psicológico recae justo en esa unión.

El contexto de Emma es crucial a la hora de entenderla, y quien no lo vea es, perdonadme, un poco zopenco. Emma no albergaba maldad, albergaba dolor psicológico y soledad, dos de los factores de riesgo más importantes a la hora de padecer ciertos problemas de salud mental. Hay quien ese sufrimiento lo vuelve en contra de sí misma: Emma podría haberse suicidado, y entonces la hubiéramos visto como una mártir, y a sus bullys como malvadas.

Pero hay quien ese sufrimiento lo vuelve hacia fuera. No estoy diciendo que esté bien pero tiene lógica que quien sufre quiera eliminar la fuente de su sufrimiento. Y en un contexto como el americano, de apología y erotización de las armas, es comprensible (que no justificable) que una de las ideas que le vengan a la cabeza a una joven sea usar una escopeta.

El córtex prefrontal de una persona no termina de desarrollarse hasta cumplir los 25 años. Esto es importante porque el córtex prefrontal está directamente relacionado con el control de impulsos y el cálculo de las consecuencias de nuestros actos. Los adolescentes son más impulsivos, no por idiotez, sino porque su cerebro aún no ha llegado a su punto álgido de desarrollo. Por eso es importante analizar qué factores de su entorno pudieron hacer que Emma creyera que era buena idea planificar un tiroteo.

Emma se dejó llevar por la fantasía armamentística de Internet. No tenía a nadie que la anclara a la realidad en su entorno. Tenía armas a su disposición. Conocía de tiroteos, porque en EE.UU. son frecuentes. Y, sin embargo, decidió no hacerlo al ver a otra persona llorando. Podría haber seguido adelante, ¿qué más le daría el sufrimiento de otros, acaso no es eso lo que quería provocar?2

La respuesta no es tan fácil. Emma quería dejar de sufrir. Pensaba que eliminando la fuente de su tortura lo lograría, pero se dió cuenta de que no, de que si lo hacía probablemente sufriría el resto de su vida, y sus compañeras también.

En definitiva, The Drama plantea muchas preguntas y pocas respuestas. Cómo me gusta una película así. Creo que es cuestión de cada una preguntarse tras la película a quién podría perdonar y a quién no, y sobre todo… ¿por qué?

¡Me interesaría mucho conocer vuestras reflexiones sobre esta peli! Os agradecería que comenzáramos una conversación en comentarios, porque da para muchísimo.

  1. Con esto no quiero decir que no haya razones nunca para «cancelar» a alguien, sino que la doble vara de muchas se ve a 3 km de distancia. Luego también está la diferencia entre quienes deciden no darle más dinero a ciertas personas porque les parece que hacen más mal que bien, y quienes tienen que anunciarlo a los cuatro vientos, pero eso da para otro artículo entero. ↩︎
  2. Para prevenir un evento es crucial comprender sus causas. No podemos olvidar que no todos los tiroteos, tampoco los adolescentes, se originan por el bullying. Por desgracia, según aumenta la popularidad de la ultraderecha y el odio en Internet, más y más hombres planifican ataques contra personas para vengarse porque creen que el mundo les ha negado su presunto derecho fundamental: tener acceso al cuerpo de una mujer. ↩︎

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